En tu jardín comí un fruto semejante a uno del Edén; comí y no dormí: noches enteras recordé el sabor del fruto de tus pechos: noches oscuras.
En tu lecho comí y no he dormido: devuélveme el sueño de tu cuerpo: membrillo amarillo; devuélveme el reposo de tu mirada; ventanas abiertas.
En tu cuerpo bebí y sigo borracho, porque “mejores que el vino es la embriagues de tus amores”
En la noche, en el jardín oscuro, en tu mirada: reflejo del crepúsculo desértico; te encontré y no he vuelto a dormir.